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Criar desde la asertividad

En un mundo lleno de ruidos y opiniones, enseñar a nuestros hijos a encontrar y usar su gran voz puede parecer un desafío. Sin embargo, es una de las habilidades más valiosas que podemos transmitirles. El cuento Mi gran tesoro […]
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En un mundo lleno de ruidos y opiniones, enseñar a nuestros hijos a encontrar y usar su gran voz puede parecer un desafío. Sin embargo, es una de las habilidades más valiosas que podemos transmitirles. El cuento Mi gran tesoro de Milena González no solo es una herramienta para niños, sino también un faro de reflexión para padres, madres y educadores que desean aprender a relacionarse desde la asertividad.

¿Qué significa ser asertivo?

La asertividad es ese delicado equilibrio entre la firmeza y la amabilidad. Por ejemplo, imagina que tu hijo está jugando con otro niño y este último insiste en quitarle un juguete. Enseñar a tu hijo a decir con calma: «Estoy jugando con esto ahora, puedes usarlo después» es un ejercicio práctico de asertividad, donde defiende sus límites sin agresividad y con respeto hacia el otro. Es el punto medio entre la agresividad, donde solo se priorizan nuestras necesidades, y la pasividad, donde sacrificamos nuestras propias necesidades para complacer a los demás. Ser asertivo implica expresar sentimientos, pensamientos y deseos de forma clara, honesta y respetuosa.

En Mi gran tesoro, esta habilidad se representa a través de tres entrañables personajes:

  • Tortuga: simboliza la amabilidad y la tendencia a priorizar las necesidades de los demás, a veces en detrimento de las propias.
  • León: encarna la firmeza, pero también el riesgo de caer en actitudes agresivas cuando se busca ser escuchado.
  • Búho: es la voz asertiva, que logra equilibrar la amabilidad de la tortuga con la firmeza del león, fomentando relaciones interpersonales sanas.

Criar desde la asertividad: un aprendizaje para todos

Como adultos, muchos de nosotros crecimos en entornos donde la crianza era autoritaria, permisiva o incluso negligente. Aprendimos a poner límites desde el ensayo y error, y eso muchas veces nos dejó con una gran pregunta: ¿Cómo enseñar a nuestros hijos algo que nosotros mismos estamos aprendiendo?

La respuesta está en el ejemplo. Mi gran tesoro invita a los padres y cuidadores a practicar la asertividad en su propia vida para que los niños puedan aprender de manera natural. Algunas estrategias incluyen:

  • Respetar sus límites: Cuando un niño dice “No quiero más cosquillas”, es vital escuchar y detenerse. Del mismo modo, en un contexto escolar, si un niño expresa que no quiere compartir un material porque lo necesita para su tarea, es importante validar su decisión y buscar soluciones que respeten tanto sus necesidades como las del grupo. Esto les enseña que su voz tiene peso y que sus límites serán respetados.
  • Ofrecer opciones: En lugar de imponer reglas, permitir que el niño participe en pequeñas decisiones refuerza su capacidad de expresarse.
  • Enseñar con el juego: Utilizar historias, como las de la tortuga, el león y el búho, ayuda a los niños a comprender estas habilidades de manera lúdica.

La importancia de usar su gran voz

Cuando los niños aprenden a usar su voz asertiva, no solo desarrollan autoestima y resiliencia, sino también herramientas para relacionarse de manera saludable. Saber decir “no”, expresar cómo se sienten o negociar sus deseos son habilidades que los acompañarán durante toda su vida, marcando la diferencia tanto en su vida personal como profesional.

En el ámbito personal, estas competencias les permitirán construir relaciones basadas en el respeto mutuo y la comprensión. Por ejemplo, un adulto que fue enseñado desde pequeño a ser asertivo podrá resolver desacuerdos familiares con empatía y firmeza, sin caer en conflictos innecesarios. En el terreno profesional, destacarán por su capacidad para comunicar ideas, gestionar conflictos y mantener su posición de manera respetuosa pero firme, cualidades esenciales para liderar y colaborar eficazmente.

Por eso, Mi gran tesoro no es solo un cuento, sino una guía para construir relaciones basadas en el respeto mutuo y la comprensión. Enseñar a nuestros hijos a usar su gran voz es el mayor tesoro que podemos darles.