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Altas capacidades… ¿y bajo rendimiento académico? Entendiendo la brecha entre la inteligencia y el éxito

Carolina Laguna «¿Cómo va a tener altas capacidades si suspende matemáticas?». Ésta es una pregunta que escuchamos con frecuencia en nuestras consultas. Muchas familias se sorprenden al descubrir que su hijo o hija, identificado con altas capacidades intelectuales, no cumple […]
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Carolina Laguna

«¿Cómo va a tener altas capacidades si suspende matemáticas?». Ésta es una pregunta que escuchamos con frecuencia en nuestras consultas. Muchas familias se sorprenden al descubrir que su hijo o hija, identificado con altas capacidades intelectuales, no cumple con el estereotipo del «niño perfecto» que saca sobresalientes en todo. Esta confusión es más común de lo que parece, y es uno de los grandes malentendidos que rodean al mundo de las altas capacidades.

Las altas capacidades no garantizan un alto rendimiento académico. Esta afirmación, aunque rompa expectativas, es clave para entender a muchos niños y niñas que poseen un enorme potencial pero que no logran demostrarlo en el aula. ¿Por qué sucede esto?

En primer lugar, el alto rendimiento no depende solo del talento. Requiere también habilidades como la atención sostenida, la organización, la gestión del tiempo, la tolerancia a la frustración o la motivación intrínseca. Y estas no vienen «de serie» con la alta capacidad. Hay que entrenarlas, igual que se entrenan los músculos o la lectura.

Por ejemplo, un niño con una memoria prodigiosa puede frustrarse y bloquearse cuando una tarea le resulta monótona. Otro, con un pensamiento creativo desbordante, puede perderse en sus propias ideas y no ser capaz de entregarlas en forma de ejercicio ordenado. La desconexión entre lo que son capaces de hacer y lo que se espera de ellos en el sistema educativo puede acabar generando apatía, ansiedad o baja autoestima.

Afortunadamente, existen estrategias para cerrar esta brecha. Muchas de ellas son sencillas, prácticas y pueden aplicarse desde casa o en el aula: enseñarles a dividir una tarea en pequeños pasos, conectar los aprendizajes con sus intereses reales, o valorar el proceso más que el resultado, son solo algunos ejemplos.

Es en este punto donde descubrimos que convivir con las altas capacidades implica mucho más que saber que tu hijo es «muy inteligente». Supone entender cómo piensa, cómo siente, y cómo aprende. Y, sobre todo, saber acompañarle con herramientas adecuadas para que pueda desplegar todo su potencial sin ahogarse en sus propias exigencias.

De esta necesidad de comprensión profunda nació el libro Convivir con las Altas Capacidades. Una guía práctica, cercana y fundamentada que recoge la experiencia de profesionales especializados en acompañar a familias en este recorrido. No se trata de un manual teórico, sino de un compañero de viaje que ofrece estrategias claras, actividades concretas y dinámicas reales para abordar los desafíos cotidianos.

Si alguna vez te has sentido perdido, frustrado o simplemente curioso por entender mejor a ese niño o niña tan diferente, este libro puede ayudarte a mirar con nuevos ojos y actuar con nuevas herramientas. Porque entender es el primer paso para acompañar. Y acompañar bien, cambia vidas.