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¿Ir al psicólogo es opcional o una necesidad?

Cuando se habla de acudir al psicólogo, todavía hay quien lo percibe como una opción que solo se contempla en casos extremos. Sin embargo, debemos recordar que la salud mental es tan importante como la salud física y que contar […]
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Cuando se habla de acudir al psicólogo, todavía hay quien lo percibe como una opción que solo se contempla en casos extremos. Sin embargo, debemos recordar que la salud mental es tan importante como la salud física y que contar con apoyo profesional puede ser clave para el bienestar en distintas etapas de la vida.

Pero, ¿cómo explicarle a un niño o adolescente que necesita ir al psicólogo sin que lo vea como algo negativo?, ¿qué palabras debemos utilizar para que no lo perciban como un castigo o un problema grave? Te lo contamos punto por punto.

1. Cómo decirle a un niño que debe ir al psicólogo

Primero de todo, es fundamental anticiparle qué sucederá en la consulta. Si no saben qué esperar, pueden imaginar situaciones que les generen inseguridad o resistencia. También es importante explicárselo con un lenguaje adaptado a su edad. Es decir, debemos tener en cuenta que los niños no son pequeños adultos y su manera de comprender el mundo es más visual, creativa y simbólica. 

También es esencial dejar claro que acudir a terapia no es un castigo ni una consecuencia de haber hecho algo mal. El psicólogo es un guía que les ofrecerá herramientas para gestionar sus emociones y afrontar sus dificultades. De esta forma transmitiremos al niño que el objetivo del psicólogo siempre será ayudarle a sentirse mejor.

2. ¿Qué hacemos si no quiere ir?

Es común que algunos adolescentes rechacen la idea de ir a terapia, ya sea por prejuicios o porque lo ven innecesario. En estos casos, es recomendable invitarles a probar al menos una sesión, con la seguridad de que será un espacio donde serán escuchados y comprendidos.

Es importante, además, evitar señalarles como «el problema». Muchas veces, el malestar de un adolescente refleja dinámicas familiares o escolares que también necesitan abordarse. En lugar de enfocarse solo en ellos, se debe explicar que la terapia es un recurso para mejorar su bienestar y el de su entorno.

3. Cuando se niega a ir, ¿cómo procedemos?

A veces parece que lo que no se ve a simple vista, no existe. Cuando un niño tiene fiebre, no dudamos en llevarlo al médico. Así que, del mismo modo, cuando muestra un malestar emocional persistente, dificultades para gestionar sus emociones o cambios en su comportamiento que afectan su bienestar, debemos prestarle la misma atención.

Transmitir la idea de que ir al psicólogo es tan normal como ir al médico cuando nos duele algo es clave para reducir cualquier resistencia. Además, permitir que el niño o adolescente exprese sus dudas o inquietudes y responderlas con claridad y cercanía contribuirá a que se sienta más seguro y dispuesto a recibir apoyo.

4. Romper estigmas: ¿Mantenerlo en secreto o no?

La salud mental sigue cargando con cierto estigma, y algunos padres se preguntan si sus hijos deberían ocultar que van al psicólogo. Lo cierto es que cada niño o adolescente tiene derecho a decidir si quiere compartirlo o no con su entorno. Mientras algunos lo comentan abiertamente con sus amigos, otros prefieren mantenerlo en privado, y ambas opciones son igual de válidas y respetables.

Es importante romper el estigma y normalizar el cuidado de la salud mental, pero eso no significa que el niño deba sentirse obligado a hablar de ello si no lo desea. Forzarlo a compartirlo puede generarle incomodidad o aumentar su malestar. La clave está en brindarle un espacio seguro donde sepa que no hay nada de queavergonzarse, pero también en respetar su necesidad de privacidad. 

 

Es crucial que normalicemos la psicología como un recurso habitual en la vida de los más jóvenes, sin tabúes ni estigmas. Así, podrán recibir el apoyo que necesitan para crecer de manera sana y segura, sin miedo ni vergüenza por pedir ayuda.