Portada » Noticias » ¿Leer es un placer? de Ana Isabel Olivares

¿Leer es un placer? de Ana Isabel Olivares

Siempre se ha dicho que leer es un placer, pero ¿Cómo podemos transmitir ese placer a los más pequeños? Durante los primeros años lectores y sobre todo en aquellos niños que presentan dificultades en la adquisición de la lectura, esto […]
Uncategorized

Siempre se ha dicho que leer es un placer, pero ¿Cómo podemos transmitir ese placer a los más pequeños?

Durante los primeros años lectores y sobre todo en aquellos niños que presentan dificultades en la adquisición de la lectura, esto resulta una misión casi imposible.

Y es que, estos niños emplean tanto tiempo en la decodificación grafema fonema que el hecho de leer, resulta un esfuerzo titánico en el que los resultados no son los esperados, resultando tremendamente frustrante para los pequeños lectores.

Es normal que los niños a edades tempranas se resistan a este aprendizaje, más aún si cabe, cuando la actividad lectora resulta una obligación.

A continuación, daremos unas pautas para que los más pequeños, comiencen a adquirir un hábito lector saludable, que sea predecesor de una lectura como forma de ocio y entretenimiento.

Busquemos momentos y espacios donde el niño se sienta cómodo y relajado. Priorizando el silencio y la comodidad del pequeño.

No encorsetar en tiempo el momento de lectura. Es preferible leer durante pequeños momentos con interés y atención, que en un periodo más largo y obligado donde el niño va a “desconectar” de la tarea sin poder mantener atención sostenida.

Recomendada entre los 4 y 7 años, dependiendo del nivel lector, podemos practicar la lectura con pictogramas. En esta lectura se intercalan palabras y dibujos formando frases con sentido. Los dibujos hacen de pausas entre las conversiones grafema fonema de cada palabra.

Escuchar la lectura del adulto. El hecho de que el niño escuche la lectura que hace el adulto, ayuda a mejorar la comprensión lectora, la prosodia la atención y memoria auditiva. Además de ser una actividad compartida en la que ambos disfrutan fomentando el vínculo de unión entre los dos.

Lectura dialógica conjunta. Lectura de cuentos o textos con preguntas antes, durante y después de la lectura. También la lectura de cuentos con actividades de ampliación de vocabulario. Este tipo de lectura conjunta en voz alta deben marcarse en un contexto significativo y motivador para el niño, donde se creen situaciones para que él descubra el significado de la lectura.

Lectura guiada. Esta lectura se hará en presencia del adulto. El cual irá corrigiendo los fallos que el niño cometa en el momento que se produzca el error. Además de de ir guiando al lector en la entonación y la prosodia. El adulto también puede trabajar el vocabulario nuevo a medida que el niño lee.

Partir siempre del interés del niño. Es importante que el niño no tenga el concepto de que la lectura sea una obligación, para ello, elegir la lectura es el punto de partida.

Aprovechar momentos de menor carga lectiva o vacacionales para incrementar el tiempo de lectura. Considerar la lectura como parte del ocio del niño.

Enseñar con el ejemplo. Para nuestros niños, nosotros somos sus mayores instagramers. Si leemos y disfrutamos de la lectura, estaremos fomentando indirectamente la acción deseada. Y es que, se aprende más de lo que se muestra que de lo que se enseña.

Elegir la lectura no tanto por la edad recomendada, si no por que el niño pueda entender el lenguaje del libro. Servirnos de las bibliotecas como fuente de recursos y estimulación. Dando prioridad a la elección del niño en sus lecturas.

Artículo escrito por Ana Isabel Olivares, autora del cuento Petra y las letras