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Proteger a los menores y repensar el futuro de la sociedad

Tamar Awad

Infancia y adolescencia libre de dispositivos es la combinación del trabajo en equipo de profesionales que defienden y protegen a los menores y a la sociedad en general.

Desde una visión completa, en la que se recoge la experiencia de todos los sectores que intervienen en el bienestar, la salud, la educación y la seguridad, contamos con las aportaciones de: Miguel Ángel Martínez, Isabel Winkels, Lucía Gallego, Luisa María González, Diana Al Azem, María Feros, Rosa María Henar, Mar España, Miriam Al Adib, María Angustias Salmerón, Miguel Salas, Francisco Villar, María José Penzol, Mercedes Bermejo Boixareu y Diego Figuera.

Si percibe que las pantallas están ocupando demasiado espacio en la vida de tu familia, no es un hecho aislado. Cada vez somos más personas las que detectamos cambios en la atención, el sueño, el carácter y las relaciones sociales en la infancia y en la adolescencia. La tecnología forma parte de nuestro día a día, pero se requiere preparación y límites.

Este libro nace para acompañar en un desafío que hoy comparten la mayoría de los hogares.

A partir de la experiencia de profesionales que trabajan a diario con menores, encontrará una guía para detectar señales de alerta y para poner solución a los problemas derivados del abuso de los dispositivos.

También descubrirá alternativas a la entrega prematura del móvil, y las propuestas para fortalecer la convivencia y reconstruir las relaciones interpersonales.

No se trata de vivir sin pantallas, sino de usarlas con criterio, seguridad y en el momento adecuado. En estas páginas encontrará las claves para avanzar hacia un hogar más sostenible y equilibrado.

La responsabilidad no puede recaer únicamente en las familias, en los docentes y en los menores. Se trata de una responsabilidad compartida, que exige el desarrollo de políticas públicas que lleguen a toda la ciudadanía.

Las familias actualmente no están haciendo lo que quieren hacer, entregan este dispositivo antes de tiempo, únicamente por la presión social. El smartphone, al poner Internet en la palma de la mano en cualquier momento y en cualquier lugar, presenta riesgos adicionales que las familias deben conocer para poder tomar la decisión de la entrega de manera informada, algo que no se está produciendo. Esta falta de información resulta especialmente crítica en contextos de vulnerabilidad social y económica, donde las familias pueden no tener las herramientas y capacitación para realizar el indispensable acompañamiento en el uso de dispositivos.

La solución requiere que organismos públicos, asociaciones y entidades adopten medidas concretas para proteger a los menores: limitar el uso de dispositivos en los centros educativos, emitir comunicados institucionales claros sobre los riesgos para la salud y la seguridad, y promover alternativas a los smartphones como los móviles de sólo llamadas.

Nos han hecho creer que las pantallas, símbolo de la innovación, son saludables a cualquier edad y no es así. Las personas adultas nos encontramos sobrecargadas y es en esa grieta donde se introducen las pantallas. Este es un problema de responsabilidad compartida. Es el momento de exigir responsabilidades y antes de imponer cambios a los menores, deberíamos revisar nuestro propio uso y comportamiento. Debemos encontrar como sociedad alternativas y herramientas que garanticen una infancia y adolescencia saludables y seguras, protegiéndoles en el entorno digital cuando forme parte de sus vidas. Es necesario alcanzar consensos, establecer límites y regular su uso. La ausencia de normas sitúa al menor en una posición de riesgo.

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