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Educando la mirada ante el dolor

Escrito por: Luis Fernando López Martínez   No nos han educado en la cultura del dolor, del sufrimiento, de la muerte. No sabemos cómo y desde dónde acompañar a nuestros seres queridos en su desesperanza. Y en lo más profundo […]
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Escrito por: Luis Fernando López Martínez

 

No nos han educado en la cultura del dolor, del sufrimiento, de la muerte. No sabemos cómo y desde dónde acompañar a nuestros seres queridos en su desesperanza. Y en lo más profundo de nuestros miedos, se encierra una única e inexorable verdad, el amor y el temor que sentimos por nuestras hijos e hijos, por aquellos a los que amamos y que piensan en el suicidio.

El silencio mata, es urgente hablar del suicidio, hablemos, pues, de él. La conducta suicida se considera uno de los mayores desafíos y retos en materia de salud pública; no únicamente en España, sino a nivel mundial. Es, en esencia, un grave problema de atención social, sanitaria y educativa que requiere de una mirada integral, humanizada y con una especial mirada educativa hacia la infancia y la adolescencia. Una conducta que, según los datos disponibles y aportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el año 2020, se ha convertido en la principal causa de muerte no natural en España en población adulta e infantojuvenil.

Una muestra en cifras impele a las familias, a la sociedad, a la comunidad de la necesidad urgente de una EDUCACIÓN en mayúsculas de cómo sostener, validar y acompañar el dolor de la infancia en sus procesos de maduración, en su evolución del aprendizaje de la vida y sus entresijos. Una educación que dé cabida a la necesaria visibilidad de suicidio desde un enfoque y mirada plural, desde la humanización del contacto ante el dolor, la desesperanza y la desconexión ante la vida. Dotemos, pues, de esperanza a la desesperanza, acompañemos la soledad y aportemos luz a la oscuridad de la conducta suicida.

Son muchas las familias las que se preguntan qué deben hacer y qué no hacer ante la ideación suicida de sus hijas e hijos, encontrando, una vez más, el silencio y la falta de recursos prácticos para sostener tan difíciles momentos en sus familias. En esta Newsletter de Sentir, aportaremos desde la práctica científica cosechada desde Proyecto ISNISS lo que consideramos las piezas esenciales para aprender y educar en cómo y desde dónde acompañarlos. Entre ellas:

 

¿QUÉ HACER EN CASO SOSPECHAR QUE EXISTE IDEACIÓN SUICIDA?

            Asegúrate de que no existe un plan estructurado de quitarse la vida.  Preguntas clave : cuándo, dónde, cómo, por qué y para qué.

            Investiga y aprende, todo lo posible sobre la conducta suicida para poder comprenderla.

            Establece un diálogo abierto y directo, en un clima adecuado de confianza en el que la persona se sienta segura para hablar con sinceridad.

            Pregunta, escucha e interésate por lo que la persona dice:

-Pídele que te ayude a entender lo que le pasa.

-Pregunta abiertamente que es lo que necesita, y cómo puedes ayudar.

            Valora y valida sus emociones sin opinar ni juzgar si son «apropiadas o no».

            Evita frases del tipo «eso es una tontería», o « ya se te pasará».

            Intenta averiguar las causas que están provocando la conducta suicida.

            Refuerza y alienta cualquier progreso.

            No buscar quitar ideas de autolesión o de suicidio. Lo importante es aplazar la decisión.

            No hagas promesas que no puedas cumplir. No prometas secreto ni confidencialidad.

            Limita fuentes y objetos peligrosos. Evita lugares en altura.

            Escucha el doble y habla la mitad (introduce preguntas desde lo emocional, siembra la ambivalencia). Utiliza la                comunicación en espejo.

            Protege, acompaña y ayuda a solicitar y recibir ayuda.

            Educa a afrontar y sostener los vaivenes de la vida. Fortalece la autoestima. Enriquece el contacto

            Busca asesoramiento y ayuda profesional.

 

¿QUÉ NO HACER EN CASO SOSPECHAR QUE EXISTE IDEACIÓN SUICIDA?

      No te asustes, no muestres pánico rechazo o incomprensión.

      No te enfades, discutas, amenaces o hagas comparaciones, sé consciente de que, habitualmente, la persona que se lesiona está sufriendo, y no sabe cómo afrontar la situación por la que está pasando. Intenta evitar los gritos, las acusaciones y las amenazas.

      No culpabilices: evita frases del tipo, “deja de hacer eso que nos estás haciendo daño”.

      No hagas reproches por sus sentimientos actuales. “¿cómo puedes decir eso? Lo tienes todo”.

      No minimices lo que siente, piensa o quiere “Eso se pasa con los años”, “tienes toda la vida por delante.

      No utilices sarcasmos.

      No ignores la conducta ni la minimices. No ignorar amenazas de suicidio. Toma sus amenazas en serio. Evita frases del tipo “no digas más tonterías”, “anda… anda” …

      No juzgues ni critiques en caso de tener que expresar sentimientos negativos o malestar, hazlo de forma clara, con firmeza, dejando claro el motivo del disgusto, pero sin criticar a la persona, dejando claro que lo que está mal es el comportamiento, y no la persona: «en este caso no te has comportado bien» en lugar de «eres malo».

      No castigues, desafíes ni de ningún ultimátum.

      No uses argumentos de chantaje emocional: “si lo haces vas a destrozar a tu familia”. Cuidado con los problemas previos familiares.

En conclusión, lo importante es entender que el suicidio no es culpa de nadie, pero es responsabilidad de todos proteger y sostener el dolor y la desesperanza, apoyar y cultivar la esperanza y la vida. Eduquemos pues, nuestra mirada.