Publicado el Deja un comentario

Clases de natación para aprender a navegar en internet

Alejandro Villena

Se estima que las nuevas generaciones pasan entre 5-6 horas diarias conectados a internet. Además, el 20 % de los adolescentes de entre 12 y 18 años pasa más de 2 horas en TikTok. Allí se entretienen, aprenden y juegan. Pero también sufren, se comparan y se exponen a situaciones de riesgo.

Si le ponemos un poquito de imaginación, es fácil pensar que internet tiene muchas similitudes con un océano. Internet es un sitio abierto y con rincones desconocidos. Como el océano, internet almacena criaturas preciosas y bellas, y a la vez, esconde las especies más tenebrosas y oscuras en sus entrañas.

En internet los peligros no tienen forma de tiburón y eso hace que pasen más desapercibidos para nuestros menores. Hablamos del contenido sexual explícito, la sextorsión, el grooming, el ciberbullying, el contacto con desconocidos y un largo etcétera de peligros que pueden encontrarse nuestros jóvenes en internet.

Siendo así, parecería prudente que si tomamos -la errónea decisión- de sustituir el sonajero por la pantalla, al menos deberíamos darles algunas lecciones de natación para que supieran navegar por internet. Si esto te suena interesante, quédate hasta al final.

Adolescencia e internet

Los datos más recientes nos alertan de datos preocupantes respecto al uso temprano de las pantallas. Se estima que el 91,7 % de los niños de 10 años ya usa dispositivos digitales y que, una vez alcanzada la edad de los 15 años, el 96 % de estos adolescentes ya poseen un teléfono móvil de uso personal.

Internet ha permitido grandes beneficios, pero no es un lugar para los menores de edad. Los adolescentes son incapaces de hacer un uso responsable de las redes sociales o de las pantallas, porque en su naturaleza está la irresponsabilidad. Viven un momento de su desarrollo donde los frenos de su “coche cerebral” todavía no funcionan adecuadamente. Una etapa de vulnerabilidad y un periodo donde los adultos tenemos la responsabilidad de velar por su protección y preservar la sana inocencia de la infancia.

Un adolescente en pleno desarrollo identitario corre el riesgo de rechazar su cuerpo cuando se compara diariamente con los modelos irreales de las redes sociales. Puede sufrir también problemas de autoestima, cuando no obtiene la aprobación que esperaba a través de un puñado de likes. Los expertos llevan décadas advirtiendo del aumento de la ansiedad, los niveles de soledad, la depresión y las ideas autolíticas en los adolescentes asociados al uso de pantallas, pero se sienten ignorados ante la inacción de las familias, los centros educativos y las instituciones.

Por terminar con algunos datos alarmantes, sabemos que el 75,7 % de los adolescentes de nuestro país ha sufrido violencia sexual digital en la infancia/adolescencia. Estos datos provienen de la Fundación Mutua Madrileña que indica que dentro de este tipo de violencia destaca: el recibir contenido sexual indeseado, el espionaje de la pareja, el chantaje para difundir contenido íntimo o la creación de imágenes con inteligencia artificial. Además, según este informe, los adolescentes han sufrido en su gran mayoría acoso digital, amenazas en internet, burlas e insultos.

Así que, lo que pasa en las pantallas, no se queda en las pantallas. Estos adolescentes sufren de verdad, en la vida real. Son víctimas de la irresponsabilidad que hemos tenido los adultos al lanzarles al océano digital y sin siquiera haberles dado un salvavidas.

El tiburón más peligroso: la pornografía

Además de los grandes peligros ya mencionados, los adolescentes se enfrentan a uno de los tiburones más peligrosos del océano digital: la pornografía. La edad media para el acceso a la pornografía en nuestro país está entre los 9 y los 11 años, donde 1 de cada 10 preadolescentes ya ha visto pornografía con 8 años. El primer acceso es accidental en su mayoría, mientras navegan sin supervisión, por falta de control parental o porque la industria sabe que puede “pescarlos” allí.

Si eres madre o padre seguro que no se te ocurriría nunca entrar a la casa de un camello con tu hijo, ir a un club de striptease o pasar una tarde en una casa de apuestas en lugar de en el parque. Sin embargo, somos capaces de darles el móvil sin supervisión a los 7 años para que no molesten durante la cena. Aunque estén dentro de nuestras casas, no están seguros, todos estos riesgos ahora están dentro de sus cuartos. Es allí donde los tiburones actúan y pueden dejarles unas huellas de por vida.

Hablamos de niños y niñas que todavía creen que el Ratoncito Pérez existe y que, al mismo tiempo, están expuestos a toda una serie de contenidos violentos y denigrantes. Imagina el daño que esto puede hacer a la mente inocente de un pre púber. La sensación de vergüenza, la culpa y un tsunami de emociones desagradables, se codifican en su memoria para siempre. Un primer contacto con una dimensión maravillosa del ser humano, como es la sexualidad, tuerce su camino en pleno desarrollo. Expectativas irreales, conductas sexuales de riesgo y estereotipos sexistas, son solo alguna de las consecuencias que este acceso temprano puede tener.

¿Qué puedo hacer cómo familia?

Calma, que hay esperanza. Yo te propongo en primer lugar que retrases la llegada de las pantallas y del primer móvil lo máximo posible. La Asociación Española de Pediatría no recomienda dar un teléfono móvil con barra libre de wifi y redes sociales hasta los 16 años. No lo hacen por molestar, se preocupan por nuestros menores.

La decisión es tuya. Eso sí, al menos cuando decidas darle ese dispositivo, te animo a que lleves ya unos años de recorrido en la educación digital, sexual y afectiva. Para eso es recomendable encontrar espacios para estas conversaciones y que te formes como familia para poder argumentar aquellas cosas que consideramos que son buenas.

Son muchas las veces en que, como profesional de la psicología, me han pedido un recurso para hablar sobre pornografía y los peligros de internet con sus hijos. Ante esta demanda, nos propusimos crear El tiburón de internet, un cómic enfocado a niños y niñas de 8 a 12 años.

Este cómic ofrece herramientas y recursos para aprender a navegar en el océano digital: salvavidas en forma de pensamiento crítico, estrategias de regulación emocional y mucho más, todo transmitido a través del juego y la inocencia del formato cómic. Puedes estar seguro de que es un material adaptado a su edad, madurez y vocabulario, revisado por profesionales y con un enfoque preventivo claro.

¡No sé si son unas clases de natación, pero creo que es lo más parecido que se ha publicado hasta la fecha para aprender a navegar en el océano digital! Si quieres saber más, puedes ver el vídeo que dejo a continuación y adquirirlo a través del siguiente enlace.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *